Deuda Pública de Paraguay: Descripción, análisis y desafíos
A modo de entender el proceso que ha tenido la Deuda Pública en Paraguay es necesario recapitular eventos puntuales que p ... Leer Más >>
El año 2022 aún se presenta con importantes desafíos. Desde la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) estiman que América Latina y el Caribe registrará un bajo crecimiento económico, sumado a fuertes presiones inflacionarias, bajo dinamismo de la creación de empleo, caídas de la inversión y crecientes demandas sociales por el aumento de la pobreza y la desigualdad.
Ante tales factores, el organismo señala que la seguridad social y la protección social son imprescindibles para un gran impulso hacia el desarrollo sostenible en la región. Estos sistemas pueden reducir la actual incertidumbre y las debilidades estructurales de la región, ya que proveen estabilidad política, económica y social.
Durante el encuentro denominado “Seguridad social y la crisis prolongada: una oportunidad para combatir la desigualdad en el marco de un Estado de bienestar en América Latina y el Caribe”, la CEPAL instó a los países a avanzar hacia sistemas de protección social universales, integrales, sostenibles y resilientes en el marco de un Estado de bienestar. En ese sentido, un nuevo pacto social-fiscal se convierte en eje central para la contribución al desarrollo social inclusivo y transformador con igualdad de género y que garantice la sostenibilidad financiera de las políticas para enfrentar la desigualdad, dice el organismo regional de las Naciones Unidas.
De acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la proporción de trabajadores aportando a sistemas de pensiones obligatorios (cobertura activa), es baja en los países de América Latina y el Caribe. El organismo estima que, en promedio, en la región solo 45 de cada 100 trabajadores están contribuyendo o están afiliados a un plan de pensiones. Este porcentaje no ha mostrado una variación importante en la última década, pese a las políticas de reformas estructurales implementados en los distintos países.
Una serie de características socio-económicas explican el bajo nivel de aportes a los sistemas de pensiones, a decir, con la educación, el género y el nivel de ingresos. Los trabajadores con un nivel más alto de educación tienen mayores probabilidades de contribuir a los sistemas de pensiones que los de menor educación. En cuanto al género, la tasa media de participación de las mujeres en la fuerza laboral en ALC es del 56% en comparación con el 83% para los hombres. Finalmente, los empleados en el quintil más alto de la distribución de los ingresos tienen porcentajes relativamente altos de contribución, frente a los trabajadores de bajos ingresos. De hecho, sólo del 20 al 40% de los trabajadores de ingresos medios contribuye a un fondo de pensión.
La pandemia se ha convertido en la oportunidad para impulsar reformas de los sistemas previsionales como el vigente en Paraguay, donde la estructura y funcionamiento muestra señales de insostenibilidad en el corto plazo.
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